Lunes 20 de enero

Lunes, 20 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús. Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no? Jesús les contestó: ¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto ─lo nuevo de lo viejo─ y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.

Pistas: El tema principal del que hoy habla Jesús no es el ayuno, sino la relación de los discípulos con Él y con la tradición. Habla de la Buena Noticia que Él trae.
Respecto al ayuno, en otras ocasiones Jesús dice que es necesario, que es una práctica que ayuda a decirle a Dios y a uno mismo que lo más importante de la vida es Dios. Ayuda a sentir, hasta físicamente, que se tiene hambre de Dios. No es un chantaje a Dios, ni ser mejores que los demás, ni un esfuerzo personal que haga méritos o dé puntos. Es darse cuenta de que las cosas de esta vida no dan la felicidad, sólo Dios puede darla, sólo Él es necesario. Jesús ayunaba y oraba, y lo hacía como necesidad personal para afrontar ciertas circunstancias. Sólo poniendo a Dios en el centro se puede vencer el mal, la tentación y el pecado.
Para acoger la novedad que trae Jesús tenemos que dejar que nos transforme. Y es que el amor de Dios, el Espíritu Santo, transforma lo profundo de la persona. Dios no sólo da cosas, sino que se da Él mismo. Y su amor cambia las cosas y las personas, y crea.
Cuando se acoge la novedad de Jesús se rompen esquemas, se abandonan actitudes y vicios, se cambia de prioridades. El amor realiza eso en los que se sienten amados. Por eso para acoger a Jesús es necesario odres nuevos, porque Él mismo te regala ser capaz de acoger un amor tan grande. Además, querer seguir en lo viejo, querer andar a medias, consigue que te rompas. Porque la propuesta de Jesús no es mediocre.
Jesús hace nuevas las cosas ¿Te atreves a que Jesús te cambie y te regale un nuevo corazón?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.