Lunes 19 de octubre

Lunes, 19 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: Maestro dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Él le contestó: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente: Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Pistas: “Esta noche te van a exigir la vida”. Nos pasamos la vida buscando seguridades, acumulando bienes materiales, dinero en el banco –si tenemos un buen colchón económico, mejor-, seguros sanitarios… Pero esa riqueza es caduca, pasa, termina. Por tanto, no sirve de nada si nos falta la riqueza que da la vida eterna. No sirve de nada si no somos ricos ante Dios.
Si lo piensas bien ¿cuántos sufrimientos y divisiones cuesta el tema económico en las familias, en los matrimonios, entre los compañeros de trabajo? ¿cuántos agobios y desvelos por tener más? Jesús te dice hoy que te hagas rico ante Dios. Traduce esto para tu vida. Te hará rico ante Dios amarle, amar al prójimo, perdonar, ayudar, vivir las bienaventuranzas, cumplir de corazón los mandamientos… Orar de corazón, tener a Dios en ti, traer su luz a tu vida, a tu familia, en tu trabajo…
Come, bebe, disfruta de la vida, ten cosas y disfruta de ellas; pero no pongas ahí tu tesoro ni pongas en ello tu corazón, porque eso no puede hacerte feliz. Pon tu riqueza en los bienes que no pasan, en el don del Espíritu Santo, en el amor a Dios y al prójimo, y si eso significa tener otro estilo de vida distinto al que llevas puede que te compense cambiar. Piénsalo: ¿una riqueza que pasa y queda aquí o una riqueza que se abre a la eternidad, que da vida y plenitud?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.