Lunes 17 de febrero

Lunes, 17 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Pistas: Jesús ya está dando signos. La multiplicación de los panes, las curaciones, los exorcismos, su poder y autoridad… Pero da igual. Estos hombres no quieren ver. Es como poner una pintura ante el que tiene los ojos cerrados, o un manjar delante del que no va a probarlo. Le piden a Jesús un signo del cielo, porque quieren que Él haga las cosas a su manera, según su mentalidad. No se van a dejar cambiar ni sorprender por Jesús. Su idea de la religión y del Mesías les impide reconocer a Jesús como el auténtico mensaje. Signos tenían, pero no querían verlos.
Creen tener la interpretación correcta de la ley. Jesús no es así. No es una interpretación mejor (discutible con las demás). Jesús habla con autoridad. Ofrece una experiencia y un camino. Con Él se puede vivir y experimentar el Reino de Dios. Ofrece la felicidad de las bienaventuranzas y el amor del Padre. Esto no es ley, ni una doctrina que se pueda debatir. Es una experiencia y un encuentro.
Jesús no es un mercader de milagros, ni de magia. Es salvación. El Reino en la tierra es el milagro más grande.
Y por eso el Reino de Dios en tu vida será aceptar a Jesús. No demostrarlo con milagros. El que no acepta a Jesús, se cierra para ver signos. No habrá los milagros que tú quieres, sino algo mucho más grande: la experiencia y el encuentro con Jesús. Y entonces verás todos los signos de la presencia y acción de Dios que hay a tu alrededor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.