Lunes 16 de septiembre

Lunes, 16 de septiembre
Santos Cornelio y Cipriano

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho.
Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos.
No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve, y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Pistas: La clave es la fe. La fe en el poder de Jesús y en su autoridad. Ni siquiera hizo falta que fuera a casa del centurión, ni siquiera Jesús pronunció unas palabras en las que “diera la orden”. La fe de aquel hombre admiró a Jesús.
Ya sabes cómo veían los judíos a los paganos. Entrar en su casa implicaba contraer impureza legal. El centurión no quiere hacer pasar a Jesús por ese trance. Se sabe indigno y pecador, y ni siquiera se atreve a presentarse en persona. Envía gente “respetable”. Pero su fe es grande porque comprende que Jesús tiene poder, intuye quién es. Se da cuenta de que su poder no depende de su presencia física, que es algo más grande.
Puedes orar con este Evangelio desde una doble perspectiva. Por un lado ¿cómo está tu fe? Por otro, Jesús va a acercarse a ti, aunque no seas digno. En Él hay salvación. Recuerda que la fe es un don. Agradécela, pídela. Y que es también una tarea, una respuesta. Esfuérzate por hacerla crecer con tu oración y con tu vida, con tu actitud y decisiones. Verás las maravillas de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.