Lunes 16 de julio

Lunes 16 de julio
Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 10, 34-11, 1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Pistas: “No he venido a sembrar paz, sino espadas” ¡Qué extraño resulta que Jesús haya dicho esto! Pero es que la paz de Jesús no es la que nace del triunfo de los intereses de algún grupo, ni de mentiras compartidas. Jesús luchó contra la hipocresía, la mediocridad, la mentira. Y los discípulos de Jesús estamos llamados a hacer lo mismo. Anunciar la verdad, vivir en la verdad. Y esto, a veces, puede enfadar a algunas personas o grupos.
Continúa Jesús diciendo que ni siquiera la familia puede ocupar el lugar de Dios en nuestra vida. Ojo, no dice que no haya que amar. Todo lo contrario, dice que si le amamos a Él por encima de todo, le encontraremos a Él y a la misma vida. Cuando algo o alguien (aunque sea bueno) ocupa el lugar de Dios en nuestra vida se convierte en un ídolo. Si sigues a Jesús, te llenarás del Espíritu Santo y el mismo amor de Dios llenará y fortalecerá tu corazón.
La cruz. ¿Cuántas veces nos rebelamos contra ella? Nos instalamos en la queja y la desconfianza hacia Dios. Hay que luchar contra el mal y el sufrimiento en la propia vida y en la de los demás. Pero aceptar la cruz significa confiar en Dios en medio de cualquier circunstancia sabiendo que lo que nos puede robar la felicidad son nuestros propios pecados. Puede que estés atravesando una cruz tremendamente dura y difícil. Mira a Jesús, confía en Dios. La Cruz de Jesús se convirtió en instrumento de salvación y a ti te ayudará también.
Encontrar la vida se refiere a vivir para uno mismo. Perder la vida por Jesús es entregarse como lo hizo Él. Lo primero promete la felicidad pero no la da. Lo segundo es un camino muchas veces duro, pero lleno de paz, de alegría, de esperanza y que transforma el mundo. Lo primero te dejará encerrado en ti mismo, perder la vida te hará vivir más plena y auténticamente.
Ir en el nombre de Jesús. Esto va en la línea del mandamiento del amor al prójimo. La medida que uses, la usarán contigo. Y es también una promesa. Jesús garantiza su presencia en los que van en su nombre.
Hoy reza con el aspecto que más te toque el corazón y deja que Jesús te hable a través de su Palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.