Lunes 15 de junio

Lunes, 15 de junio
Semana XI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 38-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente».
Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñalo dos; a quien te pide, dale; y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

Pistas: El “ojo por ojo, diente por diente” supuso en su tiempo un gran avance contra las venganzas indiscriminadas. Pero Jesús quiere ir a lo profundo de este mandato. Porque llega el tiempo nuevo, el del Reino de Dios, en el que el criterio será el amor y la misericordia que Jesús nos mostró.
¿Cuántas veces en tu vida te guías por el “ojo por ojo”? ¿Cuántas veces el único criterio es quedar por encima, salirnos con la nuestra, doblegar al otro? Jesús enseña otro camino, en el que Él va delante: el del amor (incluso al enemigo), el de la compasión. Enseña el camino de la gratuidad y la entrega. Y si queremos ser discípulos suyos, si queremos ser mejores que los fariseos y los escribas a los que Jesús llamaba hipócritas, su propuesta es vencer el mal a fuerza de bien. Su propuesta es no ser del mundo sino mostrar el amor que Dios mismo pone en nuestros corazones con nuestras actitudes y acciones.
El tiempo nuevo que Jesús inaugura es el tiempo del Espíritu Santo. Él llena nuestros corazones de amor y de sus dones para que podamos ser discípulos de Jesús. Viviendo los mandamientos no como una carga o algo extraordinario, sino como escrito en nuestro corazón y que nos hace vivir con plenitud. Es más, el Espíritu Santo nos transforma para que vivamos como hijos de Dios en Cristo.
El Evangelio de hoy nos propone un camino que nos libra del peso del odio y del rencor, de la soberbia y el orgullo. Y nos permite parecernos al Maestro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.