Lunes 13 de abril octava de Pascua

Lunes, 13 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Las mujeres. En la Pasión de Jesús fueron las que permanecieron (junto con Juan) al pie de la Cruz. Fueron las fuertes, las valientes. Y, sin embargo, en la religión y en la sociedad judía ocupaban un segundo plano.
Jesús trata a todos por igual. Elige a María Magdalena y a otra María para ser las primeras que se convertirán en testigos del acontecimiento más importante de la historia: la muerte ha sido vencida. Son las primeras, son apóstoles (testigos) de la resurrección.
Y ya desde el principio comienzan las dificultades. Del mismo modo que antes de la Cruz los judíos no querían ver la verdad, ni conocer quién es Jesús, ni estaban dispuestos a cambiar sus ideas religiosas o culturales, tampoco lo harán ahora. La verdad no importa. Importa salirse con la suya. No se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad.
Qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida