Lunes 10 de junio

Lunes 10 de junio
X semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pistas: ¿Eres feliz?
Jesús enseña que en medio de muchas circunstancias donde parece imposible ser feliz, se puede ser dichoso. Hoy enseña a sus discípulos, a los que quieren seguirle y les quiere mostrar cómo se puede ser feliz.
¿Cuál es la clave? Aprender su estilo de vida, el que reflejan las bienaventuranzas. Así fue la vida de Jesús. Por eso lo que acabas de leer no es una teoría. ¿Qué hizo a Jesús diferente de otros maestros de su tiempo? No buscó el éxito humano, ni el camino fácil. No huyó de las dificultades ni utilizó su poder y su sabiduría para sus intereses. Jesús amó y enseñó a amar. Amó al Padre con todo su ser, al prójimo hasta la extenuación y hasta la entrega de la propia vida. Y por eso, en la pobreza, en el sufrimiento, en el llanto, en la necesidad de justicia, en la persecución… fue dichoso. No precisamente por las situaciones difíciles en sí mismas, sino en medio de ellas, buscando a Dios, amando al Padre y con la fuerza del Espíritu Santo.
¿Cómo has respondido a la pregunta del principio? ¿eres feliz? Ilumina tu vida con las bienaventuranzas y acércate a Jesús, a su salvación. Él hace las cosas nuevas. Él te da su Espíritu Santo que hace todo nuevo en tu corazón y en tu vida. Esto no es un cuento o una teoría. ¿Quieres experimentarlas? Lánzate, sigue a Jesús y vive como Él enseñó, sin excusas. Lucha contra todo lo malo que puedas cambiar, pero carga con la cruz. Con su gracia es posible, en medio de tu debilidad es posible, porque su amor siempre es más grande. Si te caes, levántate y sigue adelante y podrás ser verdaderamente feliz. Y nadie ni nada te podrá robar esa felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida