Jueves

Jueves 22 de noviembre
Santa Cecilia, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos.
Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.

Pistas: Es tremendo imaginarse esto. Jesús va a morir en Jerusalén, mira su ciudad y llora porque comprende que le rechazan. Él sabe que su propio pueblo cierra los ojos a la salvación. No escuchan su Palabra, ni creen en su testimonio. Esto tendrá terribles consecuencias y Jesús llora por Jerusalén.
Tú y yo somos Jerusalén cuando miramos a Jesús con indiferencia, cuando nos encerramos en nuestro pecado, cuando no nos damos cuenta de que somos elegidos por Dios y preferimos aferrarnos a los ritos y las tradiciones antes que a la fe en Cristo. Cuando no queremos ver sus signos y el signo definitivo: su muerte y resurrección. Al morir Cristo el velo del Templo se rasgará. Es otro signo. Y los judíos sabían lo que significaba eso, pero Jerusalén no quiere ver.
No quisieron comprender «lo que conduce a la paz». No quisieron comprender a Cristo. Cuando el templo sea destruido ya no habrá sacrificios de animales que sirvan para lavar los pecados, ni el Sumo Sacerdote entrará en la fiesta de la expiación -el único día al año en que puede- en el Sancta Sactorum (el lugar más santo, dónde está la presencia de Dios). No quisieron ver que el velo que cerraba ese lugar se rasgó al morir Cristo. Porque cierran los ojos a quién es Cristo y no reconocen el momento de su venida.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo en comprender y reconocer quién es Él. Ya no hay ritos ni tradiciones que salven, sólo si conducen a Cristo. Lo demás no lleva a la paz. Lo demás trae destrucción.
¿Eres Jerusalén, la que no quiere ver? ¿O eres parte del nuevo pueblo de Dios, el que reconoce que Jesús murió por todos y cada uno de nosotros, el que le sigue a pesar de las dificultades del camino? Mira, reconoce y comprende quién es Cristo, porque es lo único que trae salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.