Jueves 9 de mayo

Jueves 9 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús es el camino hacia Dios. Pero este camino no lo recorremos por nuestras solas fuerzas. Es Dios quien llama, quien atrae. Hay que escucharle, hay que aprender.
El Evangelio de hoy y las pistas son para leer despacio. Es ir dando pequeños pasos o incluso vueltas alrededor de lo mismo: el misterio de Jesús que revela a Dios, Jesús que se entrega, Jesús que se hace Pan, que da su carne. Por eso, no te agobies si te pierdes. Sólo lee despacio y deja que resuene en tu corazón la verdad que hay en las palabras del Evangelio de hoy.
Tienes unas palabras clave: Fe (Dios que atrae y el hombre responde), revelación (Jesús revela a Dios, es el enviado, el que ha visto a Dios), vida (vida para siempre, la muerte vencida), entrega en el Pan, (en la Eucaristía Jesús entrega su propia vida, su carne), comer (no es un pan para contemplar, sólo para mirar, sino para vivir).
San Juan nos repite: Jesús revela al Padre, en Jesús hay vida. Creer en Él da vida eterna. Da la vida de Dios. Jesús es el Pan de la vida. Es el alimento que da vida para siempre y en plenitud. Pero no es un alimento intelectual, moral o físico. Es un alimento en el que se da a sí mismo. Jesús mismo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se da… se entrega hasta el extremo. Todo. Como lo hizo al morir en la cruz. Y en la Eucaristía se nos da Jesús, el Pan que da vida, el Pan que alimenta la fe. No son creencias, tradiciones o ritos, sino la fe en el Padre y en el Hijo que dan vida. Y, por tanto, la posibilidad de una vida plena.
Y además está escrito: la historia termina bien. “Serán todos discípulos de Dios”. ¡Jesús vence!
Terminaremos la Pascua descubriendo que esto lo hace posible la presencia del Espíritu Santo. Él resucita a Jesús, Él convierte el pan que se ofrece en la Eucaristía en Pan de vida eterna, en Jesús vivo y resucitado. Él hace que Dios viva en cada uno de nosotros. Hace que podamos ser atraídos por el Padre, que tengamos fe, que tengamos vida. Hace que sintamos el amor de Dios. Por eso pide el Espíritu Santo y relee el Evangelio dejando que Dios te hable y hoy sobre todo entrando en el misterio de quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.