Jueves 8 de agosto

Jueves, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
El les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Pistas: Pedro reconoce hoy a Jesús como el Mesías. Y Él le encarga ser cimiento de la Iglesia, tomar decisiones, garantizar la unidad. Pero Pedro todavía tiene que entender quién es Jesús y cuál es su misión. Y Él le dirige una de las expresiones más duras del Evangelio.
Cuando Pedro reconoce a Jesús como Mesías es porque el Padre se lo revela, porque ha dejado a Dios actuar en su vida. Pero cuando no es capaz de reconocer el plan de Dios en las palabras de Jesús es porque juzga desde sus criterios y no logra comprender ni acoger la luz de Dios.
En la vida de Pedro, y también en la nuestra, hay una lucha entre los criterios del mundo y nuestro orgullo, con la voluntad de Dios, su plan, sus criterios, su luz. Necesitamos humildad para conocerla y aceptarla. El camino es descubrir el gran amor que Dios nos tiene. Dios sólo puede amar, todo en Él es amor y salvación.
Descubriendo esto, rezando, conociéndolo, amándolo y llevándolo a los demás nos conducimos menos como los hombres y más como Dios.
Puedes preguntarte en qué punto estás en tu relación con Dios: ¿en la queja? ¿en decirle a Dios lo que tiene que hacer? o más bien en: Señor, dame luz, dame fuerzas, guíame, confío en ti… También puedes hoy preguntarte: ¿Quién es Jesús para mí?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.