Jueves 7 de marzo

Jueves 7 de marzo
Santas Perpetua y Felicidad, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Pistas: Jesús va a recorrer el camino de ser fiel a Dios y a su voluntad. Sabe que amar al Padre y cumplir su voluntad tendrá como consecuencia ser perseguido, desechado y ejecutado. Pero también tiene la certeza de que Dios no le va a abandonar, de que la historia no puede acabar mal y por eso Jesús anuncia su resurrección. Aunque el camino para llegar a ella pasa por la cruz. Y esta experiencia la comparte con sus discípulos.
Buscar a Dios y querer cumplir su voluntad es lo mejor, lo más grande, lo más importante que una persona puede hacer. Pero Cristo no engaña a nadie: si quieres seguirle y cumplir la voluntad de Dios tendrás que pasar por lo mismo que Él. Tendrás que negarte a ti mismo. En realidad, en todas las cosas importantes de la vida llega un momento en el que tienes que elegir entre lo que te apetece y lo que quieres, lo que te piden tus impulsos y lo que te va a hacer feliz o lo correcto. Si quieres ganar tu vida, si buscas el camino fácil, si buscas la satisfacción inmediata, no la encontrarás, y perderás lo que pensaste que ibas a ganar. Pero si entregas tu vida por Jesús, si te conviertes en discípulo suyo y le sigues, entonces ganarás de verdad.
Cuántos creen que las riquezas, el poder, la fama, tener éxito profesional, rodearse de un determinado tipo de gente… va a hacerles felices. Y cuando lo logran sólo encuentran vacío. Eso es “querer salvar la vida”. Y cuántos entregan su vida, su tiempo, sus fuerzas, en amar a Dios y al prójimo, en seguir a Jesús. Y, pase lo que pase, con riqueza o pobreza, con salud o sin ella, en una situación mejor o peor, son profundamente felices y marcan la diferencia.
Jesús es el único que salva y, si lo descubres, podrás negarte a ti mismo, podrás cargar con la cruz de cada día y podrás seguirle. Y al final ganarás la vida, vida plena. Porque Jesús siempre merece la pena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.