Jueves 6 de diciembre

Jueves 6 de diciembre
San Nicolás, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 26, 1-6
Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.».

Pistas: El día de la salvación habrá una ciudad fuerte en la que entrará un pueblo justo que es leal y fiel, que es firme y mantiene la paz. Un pueblo que confía en Dios. Para ese pueblo están las puertas abiertas. La Roca perpetua es el Señor, en quien hay que confiar. Es firme, seguro, no se tambalea. Y en esa ciudad el Señor humilla a los que están en la altura, y los que la pisan son los humildes y los pobres.
El Evangelio de la misa de hoy nos da una clave de interpretación de las palabras de profeta. Jesús dice que para entrar en el Reino de los Cielos, en la salvación, en la ciudad de la que habla el profeta, no basta con creer de palabra y decir: “Señor, Señor”. Es necesario buscar y cumplir la voluntad de Dios. No basta con apariencias o con meras palabras. Es necesario poner en práctica lo que Jesús enseña. Porque Él es la Roca. Y para que lo entiendan les cuenta la parábola del hombre sabio que edifica su casa sobre roca (así son los que cumplen su palabra) y los necios que lo hacen sobre arena.
Jesús es la puerta de entrada a la salvación y la ha abierto para los que se acerquen a Él. Pero sólo los humildes y los pobres pueden pisar esa ciudad. Porque pasar por Jesús implica un cambio de vida. Él te hace santo, Él te hace justo. Cristo es de fiar. Es Roca, es salvación y al que se acerca a Él lo salva.
Acércate a Jesús, alábale, reconoce su grandeza y pídele que te salve. Que sea tu roca, que te haga humilde… Ora.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.