Jueves, 4 de junio Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

Jueves, 4 de junio
Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?».
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Tanto el sacerdocio ordenado como el sacerdocio común de todos los bautizados, participan del sacerdocio único de Jesús. Esto parece un trabalenguas, pero es sencillo. Sacerdote es el que une lo humano y lo divino, el que –por decirlo así- construye puentes para unir dos realidades que parecen separadas, el que media (como ocurre en los sacramentos) o cuando rezamos.
Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Lo humano y lo divino se acercan. Verdadero hombre y verdadero Dios. Y Jesús Resucitado se convierte en el camino a Dios, el puente que nos une para siempre con el Padre y nos permite recibir el Espíritu Santo. Por eso, si nosotros podemos acceder a Dios (rezar, presentar a Dios nuestra vida, ser bendecidos por Él, recibir sus dones, celebrar los sacramentos y recibir su gracia) es porque participamos de su sacerdocio, de su mediación. Es porque Jesús es el camino hacia Dios.
Todo es por medio de Él. Los santos, la Virgen María, las acciones de la Iglesia, tus actos religiosos, todo lo que te permita acercarte a Dios y que Dios se acerque a ti es por medio de Jesús.
Ahora vamos a fijarnos en el Evangelio. La Última Cena. Jesús con sus amigos. Se entrega a sí mismo, da sentido salvador a su muerte. Ama tanto a los suyos que quiere ser uno con ellos. Quiere que el mismo amor que le tiene el Padre, que los hace uno, puedan experimentarlo con Él sus discípulos. Quiere que puedan entender lo que significará su muerte y resurrección. No sólo eso, piensa un momento: ellos son judíos, es la cena de la Pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto y la promesa de Dios de hacerles su pueblo. Es la cena que recuerda la alianza de Dios con su pueblo y que se convertirá en la Nueva Alianza de Jesús con su Iglesia.
Vuelve a leer el Evangelio: Jesús es el camino hacia Dios, nos ha regalado poder entrar en presencia de Dios y poder recibir el Espíritu Santo, la vida de Dios. Él es el Sumo y Eterno Sacerdote y se entrega por amor a ti y a mí. Y se queda en la Eucaristía convirtiéndose en alimento para nuestra alma y regalándonos la salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.