Jueves 30 de octubre

Jueves ,10 de octubre
Santo Tomás de Villanueva, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos».
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Pistas: Hay poder en la oración. La oración te pone en relación con Dios y te permite acogerle a Él y sus dones. Fíjate cómo enseña Jesús que hay que orar perseverantemente.
Primero con una parábola, el amigo inoportuno. Imagina una casa judía. No es como las nuestras. Para salir hay que despertar a los niños. Pero el amigo insiste y al final logra lo que necesita. Luego una exhortación: pide, busca, llama. Y, finalmente, te recuerda que Dios es Padre bueno (no es el que no quiere abrir la puerta, es Padre).
Todo ello tiene una sola intención: que te des cuenta de que Dios siempre escucha. Y que cuando reces lo hagas con la confianza del que reza a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No a un dios lejano al que no le importan tu vida ni tus problemas. Tú le rezas a un Dios que es Padre que te ama, te ha creado por amor, es la fuente de toda belleza, bondad, verdad y bien. Le rezas al Hijo que se hizo hombre por ti, que murió y resucitó y vive para siempre. Y al Espíritu Santo que habita en tu corazón, que te guía y te llena de los dones de Dios uniéndose a tu espíritu y que te regala un corazón nuevo.
Lo más grande, lo mejor que Dios puede darte es a sí mismo. Por eso termina el Evangelio diciendo: «¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?». No sólo son cosas buenas lo que Dios te da. Es Él mismo, el Espíritu Santo, el mayor don y regalo que Dios puede darnos. Dios en ti y sus dones, su fuerza, su vida, su salvación. Todo el poder que tenía Jesús, todo lo que Jesús logró es posible en tu vida. Y a veces no por el camino que tú crees que va a ser, a veces, en medio de la cruz, del sufrimiento, de la dificultad… Pero, Dios siempre escucha y siempre está.
Así que acepta el reto: pide, busca y llama. Y verás las maravillas de Dios en tu vida, experimentarás el poder de la oración y conocerás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.