Jueves 30 de agosto

Jueves, 30 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Después del discurso a los fariseos y letrados, en el que les reprocha su hipocresía y su doble vida, Jesús habla a sus discípulos. Con un mensaje que indica la urgencia de seguirle: “Estad en vela”, “estad preparados”. Es una invitación a vivir como discípulos suyos, sin dejar pasar el tiempo.
Fíjate cómo resalta Jesús la seriedad de nuestra libertad, de las decisiones que tomamos y de cómo vivamos. No es lo que aparentes ser, sino lo que eres realmente. Y por eso, ahora es el momento de vivir en plenitud. Porque cómo vivas tendrá consecuencias. Puede ser un camino de realización de tu vida o el que desemboque en la frustración más absoluta: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Relee el Evangelio pensando en tu propia vida. Si la estás dejando pasar o si estás tomando las riendas de ella. Si te dejas llevar por lo pasajero o inviertes en lo eterno. Piensa en la seriedad de las palabras de Jesús de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.