Jueves 27 de junio

ueves 27 de junio
San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 7, 21-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente. Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los letrados.

Pistas: El Evangelio de hoy nos enseña algo muy importante para no equivocarnos, engañarnos o desanimarnos en nuestro camino de fe.
No vale una fe de costumbres o apariencias, que acaba siendo superficial (como un barniz barato). Ni siquiera tener fe es hacer muchas cosas para Dios. Fíjate lo que dice el Evangelio: han profetizado en su nombre, echado demonios y hasta hecho milagros… Han hecho cosas para Dios (piensan que Dios ha estado con ellos), y seguro que han hecho cosas buenas. Pero Jesús no quiere sólo eso, no quiere sólo que seas externamente religioso, que reces y cumplas tradiciones, que hagas cosas buenas. Lo importante es que consigas establecer una relación con Dios y descubras su voluntad como fruto de la presencia de su Espíritu Santo en tu corazón. Lo importante es que esto te transforme. Entonces tu vida no estará cimentada sobre cosas pasajeras, sobre tus proyectos (aunque sean buenos), sobre tus méritos, o sobre tus seguridades.
Porque todo lo anterior, por muy cierto que parezca, es como la arena. Cuando vienen dificultades, la casa se tambalea. Si cimentas tu vida en una relación con Dios y en descubrir y cumplir su voluntad desde dentro, no aparentemente, no para autosatisfacerte sino por amor, por gratitud, por la misma fuerza de Dios que está dentro de ti, entonces tu vida será una casa construida sobre cimientos firmes. Porque Dios no se equivoca, no falla en sus promesas. Pero tu parte debe ser fiarte de Él, perseverar en tu relación con Él, y ponerle a Él en el centro de tu vida.
Piensa en tu vida: ¿Cuando dices ‘Señor, Señor’… sobre qué estás cimentando tu fe? ¿hay mucha arena o hay roca firme? Jesús es la roca, vivir como discípulo suyo es cumplir la voluntad del Padre. Y éste es un camino de amor y de fidelidad, no de apariencias, palabras vacías o solamente buenas acciones. Es la vida en el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.