Jueves 23 de agosto

Jueves, 23 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
Fíjate que la parábola es para los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta.
La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen. No quieren, no se lo merecen.
Todos son invitados, da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí está una clave de esta parábola: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas, tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.