Jueves 2 de julio

Jueves, 2 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: Sólo Dios puede perdonar los pecados, por eso cuando Jesús decía “tus pecados están perdonados”, los judíos pensaban que blasfemaba haciéndose igual a Dios.
Fíjate en la escena. Unos amigos llevan a un paralítico. Jesús, viendo la fe que tenían, primero le libera del pecado. Siempre me ha hecho pensar ¿se sentirían decepcionados porque esperaban la curación física? ¿qué sentiría el paralítico? Él no dice nada, no protesta ni le pide más a Jesús. Queda claro que esto es lo fundamental, lo más importante. Si lo piensas bien, de qué sirve poder caminar si el alma está rota, si el peso de la culpa hunde a la persona. Jesús le libera.
El milagro físico sirve de signo para confirmar el espiritual. ¿Qué es más fácil, perdonar los pecados o levantarlo de la camilla? Y Jesús muestra su poder. Imagina a los discípulos haciéndose una vez más la pregunta: pero ¿quién es éste? Detiene la tempestad, vence al demonio (leíamos ayer cómo ante su sola presencia el demonio no resiste) y perdona los pecados.
Estando con Jesús van descubriendo quién es. No sólo es un Maestro o un sanador o un predicador, es mucho más. Su mensaje del Reino se realiza porque Él ha venido y la pregunta fundamental es ¿quién es Jesús? Sólo pueden responderla caminando con Él y sólo podrán comprenderla plenamente después de su muerte y rescurrección y al recibir el Espíritu Santo.
El final del Evangelio cuenta que la gente se quedó sobrecogida al ver esos signos, y alababan a Dios, que dio a los hombres esa potestad. Después descubrirán que Jesús vino a compartir el poder del Espíritu Santo, que actuaba en Él, con sus discípulos.
También a ti te da el poder, la capacidad, para hacer cosas grandes. Y si lo haces, muchos alabarán a Dios. Los discípulos descubrieron que Jesús es el Hijo de Dios, descubrieron su poder y fuerza, descubrieron que era el Espíritu el que actuaba en Jesús y que lo mismo que Jesús había hecho (y según la propia promesa de Cristo –incluso cosas mayores-) podían hacerlo ellos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.