Jueves 17 de septiembre

Jueves, 17 de septiembre
XXIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro.
Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo.
Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume.
Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Pistas: Una lección de amor, de fe y de humildad. El fariseo invita a Jesús a su casa, pero su amor por Él es pequeño. La mujer se siente profundamente indigna y a la vez agradecida. Sólo puede amar. Uno juzga, ella ama y su fe la salva.
Jesús enseña el camino del amor, del encuentro con Él, como el único camino de salvación.
Hay un aspecto curioso en la vida de los santos: a mayor santidad, mayor conciencia del propio pecado y de la grandeza y gratuidad del amor de Dios. Muchos cuentan esta experiencia. Cuanto más cerca de Dios, más claro se ve el propio pecado y por tanto mayor conciencia se tiene de la misericordia de Dios. Sucede como cuando se enciende progresivamente una luz, se ve mejor todo, también las imperfecciones y la suciedad. Por eso, “al que poco se le perdona, poco ama”
Este Evangelio se presta a imaginarse la escena. Puedes ponerte en el lugar de cada uno de los personajes y dejar que Dios te hable con lo que puedas tener en común con ellos. ¿Qué hay en ti de invitar a Jesús a tu casa pero amarle poco? Es decir, ser cristiano de boquilla y estar poco apasionado, no sentir la fe que dices tener ¿Cómo es tu vivencia de la fe? ¿te sientes indigno? ¿te acercas a Jesús, le amas y te dejas amar por Él?…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.