Jueves 13 de febrero

Jueves, 13 de febrero
Semana V del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Pistas: ¡Qué grande la fe de esta mujer! Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder.
Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Una extranjera, que según la mentalidad judía no merecía la salvación de Dios, ni que se fijara en ella. Los judíos tenían además prohibido hablar con ella. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería esto para los discípulos!! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Incluso Jesús, como hombre, va perfeccionando su manera de que le puedan entender y a la vez seguir la voluntad del Padre.
Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta o algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás la salvación que sólo Él te puede ofrecer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida