Jueves 13 de agosto

Jueves, 13 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Pistas: Pedro hace una pregunta para saber hasta dónde tiene que llegar: ¿Cuántas veces perdonar? O, lo que es lo mismo: ¿Con qué cumplo? ¿dónde está el límite?
A Jesús no le vale una vida de cumplimiento en sus discípulos. No quiere mediocridad y conformismo, ni una ley sin alma. Porque su invitación es a entrar en el amor de Dios, un amor sin límites. Por eso, Jesús llama a sus discípulos a usar la medida del amor y el perdón de Dios. No es cumplimiento, no es un mínimo, es una llamada a la plenitud.
En la parábola aparece el contraste entre la inmensa deuda que el señor perdona a su empleado y la insignificante que el empleado no es capaz de perdonar. Y desde ahí, desde la experiencia del amor de Dios, desde la experiencia del perdón gratuito e inmerecido, es desde donde se puede entender amar y perdonar al prójimo sin medida. Porque Dios te amó así primero, sin medida.
Y tú ¿necesitas ser perdonado? Acude, sin miedo, al Señor que perdona todas tus deudas, que limpia tu alma y te libera de las ataduras del pecado. Jesús ha vencido para darte su salvación y hacerte una criatura nueva. Es su mensaje revolucionario: Amaos unos a otros como yo os he amado… No de cualquier modo, sino cómo Él, hasta entregarte, hasta dar la vida.
¿Alguien te ha hecho daño? ¿quieres perdonar? Perdonar no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad. Dicho de otro modo, para perdonar no necesitas sentir, necesitas decidir y elegir perdonar. Necesitas rechazar todo sentimiento malo que salga de ti y elegir perdonar. Esa es la manera. Y pide a Dios que llene tu corazón, tu voluntad y tus sentimientos, todo tu ser, de su Espíritu Santo. Porque poder perdonar como Jesús, amando a los enemigos, sólo es posible como don del Espíritu. El es quien hace nuevas las cosas, quien te da libertad, y te va dando la fuerza para actuar como discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.