Jueves 12 de marzo

Jueves, 12 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Jesús dirige una parábola a los fariseos, que se creen personas religiosas y mejores que los demás. Jesús los critica porque están equivocados en su manera de vivir la fe en Dios, poniendo los puestos, la apariencia, el cumplimiento, por delante de un auténtico amor a Dios y al prójimo.
En esta parábola encontramos un rico que vive muy bien, y un pobre a su puerta. Si miramos a nuestro mundo también encontramos ricos que vivimos muy bien, y otras muchas personas que viven muy mal a nuestra puerta, en nuestras ciudades, en nuestras fronteras. Y un elemento común con Epulón es que nos dan igual los lázaros, casi ni los vemos, o los vemos un momento, pero luego seguimos con nuestras cosas y “banqueteando espléndidamente” o todo lo espléndidamente que podemos.
Jesús enseña hoy que de la actitud que tengamos hacia el otro dependerá nuestra salvación. Una fe sin amor ¿de qué sirve? ¿no nos convierte acaso en fariseos? Una religiosidad sin ver al prójimo que me necesita, sin ponerme en el lugar del otro ¿servirá para algo?
La cuaresma nos invita a mirar como Jesús miraba, a ver las necesidades que nos rodean y a comprometernos. Nos invita a ser capaces de ponernos en la piel del otro. Esto es dar limosna.
Mira a tu alrededor ¿hay algún lázaro? ¿te pareces al ciego Epulón que no veía al que se moría a la puerta de su casa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.