II Domingo de Cuaresma

Evangelio según San Marcos 9,2-10. 
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas.
Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo».
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos».

REFLEXIÓN

En el segundo domingo de cuaresma tenemos este precioso pasaje de la transfiguración, pero no podemos obviar la primera lectura. El sacrifico de Isaac, prefigura el sacrificio de Cristo. En el Talmud encontramos una interpretación de este pasaje en el que se narra el diálogo entre Isaac y Abraham, Isaac le dice a su padre “átame fuerte no sea que por el miedo yo me resista”. Para Isaac que su padre obedeciera a Dios le importaba más que su propia vida.

Nosotros también nos jugamos la vida en la obediencia a Dios, y no solo nos jugamos la nuestra sino que como somos ejemplo para los que nos rodean, para los que viven a nuestro lado tenemos responsabilidad en el ejemplo que damos, de ahí obligación de transfigurar nuestra vida, si yo me encontré con Dios mi vida no puede ser como la vivía antes, mi vida tiene que iluminar tantas tinieblas como hay en este mundo, no importa que sea pequeña mi luz, porque en la oscuridad una luz pequeña también es luz, lo que importa es que ilumine. Así los que estén a nuestro lado dirán lo mismo que los que estaban al lado del Señor “que bien se está aquí” Y también así cumpliremos con un sueño, el sueño De Dios, que nos sueña en nuestra mejor versión, que cuando nos mira ve en nosotros lo mejor que podemos dar.

Que disfrutemos todos de este precioso día que Dios nos da. Feliz domingo