Domingo 9 de agosto

Domingo, 9 de agosto
XIX tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Pistas: Hace muy poco que leíamos este relato. Recuerda que una manera de rezar con la Palabra de Dios es imaginarse la escena, meterse en ella. ¿Qué sentirá y pensará cada personaje?
Este pasaje sucede en un día lleno de emociones que termina muy tarde. Se habían enterado de la muerte de Juan Bautista, buscan un sitio para descansar, y en lugar de eso Jesús acaba curando a mucha gente y multiplica panes y peces para darles de comer. Jesús se retira a orar y sus discípulos navegan. Y de madrugada, como colofón, Jesús camina sobre el agua.
Puedes fijarte en los detalles. Los discípulos irían hablando de las cosas extraordinarias que hace Jesús, pero a ellos se les iba complicando el viaje. Confunden a Jesús con un fantasma, claro, ¿quién podría creer que Jesús fuese hacia ellos caminando sobre el agua? Y, sin embargo, es Él. A veces en la vida nos pasa lo mismo, navegamos y parece que Jesús no está, que no es real.
Pedro camina sobre el agua, se lanza, se fía de Jesús. Y durante un tiempo lo consigue, pero flaquea y se vuelve a hundir. Siempre me ha llamado la atención cómo un pescador que sabía nadar se asusta de hundirse, podía nadar hasta el barco pero ni eso le sale. Jesús se lo dirá, sin mi no podéis hacer nada. Y Pedro lo experimenta. Experimenta el poder de Jesús y al mismo tiempo la necesidad de Él.
¿Cuántas veces recordaría Pedro la frase de Jesús. “¿Por qué has dudado”? Pero Jesús no falla. Él salva, te echa mano cuando te hundes, te sube a la barca y el viento amaina. Si tu vida está en medio de una tormenta, llama a Jesús, que te suba a la barca. Y al final siempre amaina porque Jesús ha vencido al mal, al pecado y a la muerte. Al final habrá calma y te postrarás ante Jesús reconociendo quién es.
El reto para esta semana es fiarte de Jesús. ¿A dónde te está llamando? Atrévete como Pedro a dar el salto, verás cosas extraordinarias… y si flaqueas, no tengas miedo, Jesús, no dejará que te hundas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.