Domingo 8 de septiembre

Domingo, 8 de septiembre
XXIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
—«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Pistas: Seguir a Jesús es exigente, porque su salvación, el amor de Dios manifestado en Él, es el auténtico tesoro. Todo lo demás, si ocupa su lugar, no nos dará felicidad. ¿Cuántas veces intentando amar a las personas que son importantes para nosotros no somos capaces o no nos sentimos a la altura o nos equivocamos y nos hacemos daño? ¿Cuántas veces las cruces de la vida nos parecen tan grandes que no nos permiten ver lo bueno y disfrutarlo o nos encierran en la queja y la amargura? ¿Cuántas veces por no sabernos negarnos a nosotros mismos somos incapaces de crecer o de ser verdaderamente libres y hacemos lo que no queremos o no logramos lo que queremos alcanzar?
Jesús nos dice que Él tiene que ser el centro. Ser discípulos suyos no será fácil. Habrá que “echar cálculos”, es decir, elegir, esforzarse, luchar. Pero éste es un verdadero camino de libertad, de fortaleza y de amor. Porque posponer al padre, la madre, la mujer, los hijos… incluso a uno mismo para ser discípulo de Jesús, significa poder ser cómo Él.
¿Quién ha tenido un amor más grande que el de Jesús? ¿Quién ha sido más libre? ¿Quién se ha entregado por amor? Así que, a fin de cuentas, lo que Jesús nos ofrece hoy es un tesoro, el tesoro de su amor, los dones de su Espíritu, una auténtica libertad, la posibilidad de vivir las bienaventuranzas. Pero todo eso sólo será posible siendo discípulos suyos, es decir, llenándonos del Espíritu Santo y siguiéndole, aprendiendo a vivir como Él y a buscar la voluntad de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.