Domingo 5 de mayo

Domingo 5 de mayo
III Domingo Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21, 1—19
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Pistas: Jesús les llama nuevamente, como la primera vez, a dejar las redes y seguirle. Les muestra su poder. Llevan toda la noche intentando pescar pero no pueden, sólo con Jesús y la obediencia a Él (si no hubieran tirado la red…) su trabajo y esfuerzo da fruto.
Jesús les alimenta, no sólo con lo que Él les tiene preparado, sino con lo que ellos han conseguido.
El discípulo amado puede ser entendido como el modelo de discípulo. Es el que cree, el que ve los signos y reconoce al Señor. Y tú estás llamado a ser como Él.
Otra figura que destaca en el Evangelio de hoy es la de Pedro. Se lanza al agua. Va el primero. Responde a Jesús otra vez que sí, deja la barca y va con Él.
Y Jesús le pregunta tres veces si le quiere (como tres fueron las negaciones). Es como si Jesús quisiera darle la oportunidad de que donde hubo traición ponga amor. La llamada va unida a la misión. Pedro la acepta con todas las consecuencias.
Jesús te pregunta, te acompaña, te aguarda. No se impone por la fuerza, no te obliga, no te agobia. Y tú tienes la capacidad de cerrarle o abrirle tu puerta. Jesús no se cansa de esperar. Y, si das el paso, si respondes afirmativamente, te ofrece una vida nueva, una nueva manera de hacer las cosas.
Hay muchos detalles que pueden ayudarte a rezar en este Evangelio, párate en el que te toque el corazón o te haga pensar y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.