Domingo 5 de enero

Domingo, 5 de enero
II domingo dentro de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
—Este es de quien dije: «el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
El Hijo único, que esta en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Está claro que es un hombre, pero el Evangelio de Juan quiere explicarnos algo más.
Es la Palabra que existe desde siempre en Dios. Analicemos el alcance de esta afirmación: Jesús es la Palabra (Logos en el original griego) encarnada, es lo que Dios quiere decirnos, es Dios que quiere comunicarse, es Dios que se comunica y nos permite comunicarnos con Él. Piensa por un momento lo que significan las palabras para nuestra vida ¿Qué sería de un mundo sin palabras con las que expresarse, entenderse, comunicarse, darle forma a las ideas y sentimientos? Por eso Jesús es el camino hacia Dios, porque sólo a través de Él podemos escuchar, entender, asomarnos al misterio de Dios.
Pero no sólo es un mensaje, es la Palabra hecha carne -como la nuestra, humana, débil, mortal…- y ha habitado entre nosotros. Ése es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Antes de hacerse hombre participó en la creación de todo lo que existe. Es vida, luz, tiene poder para hacer hijo de Dios al que cree. Todo eso sucede en Jesús. Dios no está encerrado en sí mismo y para enseñarnos quién es se acerca tanto a nosotros que se hace uno de nosotros y nos abre el camino a su vida. Lo humano, débil, mortal asumido por el Hijo de Dios se llena de Dios (eso sucederá en plenitud con la resurrección de Jesús), nuestra naturaleza se hace fuerte, se hace capaz de Dios, se abre a la eternidad de la vida de Dios.
Por eso si le acoges te harás luz, tendrás vida, serás hijo como Él es Hijo. Te llenarás de gracia y de verdad. Jesús no sólo es un mensaje, es el mensaje: Dios-con-nosotros, el que ha visto al Padre porque es uno con Él, el que trae la gloria de Dios porque tiene la gloria, la gracia, el poder de Dios.
Juan, el bautista, fue capaz de reconocerlo, de señalarlo, de anunciarlo. Descubrió que Jesús no era sólo lo que parecía (un mero hombre), existía antes, era más grande, más de lo que aparentaba, porque lo invisible (Dios) se hacía visible en Él.
Cada vez que te acerques a este Evangelio descubrirás algo nuevo, porque intenta hacernos comprender que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios, que es el Hijo de Dios encarnado… y esto es acercarse al misterio de la Trinidad, al misterio de Cristo, de la historia de la salvación…
Tal vez lo mejor que podemos hacer es pedirle que su luz, su vida, su gracia, su verdad, su palabra, su capacidad de hacernos hijos… nos hagan entrar en el misterio y desde dentro poder experimentarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.