Domingo 4 de octubre

Domingo, 4 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchad otra parábola:
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.
Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

Pistas: El pueblo judío tenía conciencia de ser el elegido. La viña del Señor les había sido entregada. Todo lo que está simbolizado en esta imagen se lo había entregado Dios: la salvación, el ser pueblo, la elección, la promesa, la alianza… Pero ellos se lo quisieron apropiar para sus intereses. A los profetas, los rechazaron, los persiguieron, aunque finalmente la verdad se impusiera. Todos fueron rechazados al reclamar los frutos que debía dar la viña.
El último enviado es el hijo, el heredero, es Jesús, el Hijo de Dios, y también le van a rechazar y matar. Sus mismas palabras tras la conclusión de la parábola serán acusadoras para ellos. Jesús intenta hacerles pensar: ¿no os dais cuenta: la piedra desechada soy yo? Él, a quien no aceptan, a quien van a asesinar, se va a convertir en el que sustenta todo. Los milagros y signos que hace, su manera de predicar y actuar, intentan hacerles pensar pero ellos no están dispuestos a moverse de su comodidad, de sus ideas y prejuicios. A pesar de todo, a pesar de que lo matarán, resucitará y Jesús será el cimiento, la roca sobre la que se construirá el edificio de la Iglesia, sobre el que edificar el Reino.
Ahora viene el reto. Preguntarnos: ¿somos nosotros dignos? ¿estamos dando fruto? ¿o nos estamos apropiando de la viña, rechazamos a los mensajeros y tomamos lo que no es nuestro? Jesús nos pide ser una Iglesia que dé fruto, una vida que dé fruto, que esté construida sobre la piedra angular y que sepa vivir como Él enseñó, para así poder dar, por el poder del Espíritu Santo, mucho fruto.
Examínate, examina tu comunidad, tu parroquia y pon a Jesús en el centro. Llénate del Espíritu Santo, para amar a Dios y a los demás. Así dará fruto. De lo contrario, algo va mal. Este Evangelio es un toque que te invita a la conversión.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.