Domingo 4 de noviembre

Domingo, 4 de noviembre
XXXI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 12, 28b-34
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Pistas: En un mundo como el judío, con muchas normas y preceptos, un escriba se acerca a Jesús y le pregunta sobre el principal. La respuesta de Jesús cita el Deuteronomio: Amar a Dios con todo el ser. Y pone al nivel de este mandamiento el del amor al prójimo.
Jesús nos manda vivir en el amor y enseña a sus discípulos cómo es posible conseguir esto. Primero, porque Dios es amor. Jesús muestra a Dios como Padre misericordioso y lleno de amor. Enseña a amar a todos hasta el extremo de entregar por ellos la vida y de hacerse el servidor de todos. Pero no se conforma con eso, Jesús prometerá y enviará el Espíritu Santo, que es Dios mismo amando y llenando al hombre de amor. Por eso, este mandamiento es la invitación a ser discípulo suyo y el pilar de una vida cristiana.
De nada servirá ser muy religioso, hacer muchas cosas para Dios, ser bueno y justo, si en tu vida no hay amor. Porque será insuficiente y fuente de insatisfacción, y acabará convirtiéndose en una hipocresía y una mentira. El alma de la vida cristiana es el amor. Por eso, aprovecha el Evangelio de hoy para acercarte a Dios y dejarte amar por Él. Ponte en oración y entra en su presencia ¡Déjate amar por Él! Descubre que su amor es gratuito e incondicional. Y, además, es para ti.
Y, luego, revisa tu vida ¿Estás experimentando su amor? (para ello es necesario orar) ¿estás correspondiendo a su amor? (Dios es más que una teoría, unas costumbres, unas ideas en tu vida) ¿y con el prójimo? (éste es un termómetro muy fiable de cómo va tu vida de fe, si es verdadera o es una fachada, si te estás acomodando o volviendo un fariseo). Ser discípulo de Jesús es aprender a amar. ¿Quieres amar y ser amado? Sigue a Jesús y recorre con Él este camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.