Domingo 3 de noviembre

Domingo 3 de noviembre
XXXI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
—«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
—«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
—«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó:
—«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Pistas: “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.
Los publicanos no eran queridos por sus compatriotas, por traidores y amigos de paganos. Además, Zaqueo tenía una buena posición económica, lo que seguramente despertaba envidias y recelos. Es señalado como pecador. Pero Jesús mira más allá, mira a la persona. Va a su casa, se sienta a su mesa y todo cambia.
Si te sientes lejos, busca a Jesús. Si sientes curiosidad, busca a Jesús. Si le necesitas, busca a Jesús. Tendrás que arriesgarte y superar dificultades. Zaqueo se sube a una higuera (no es el mejor árbol para subirse) y con su estatus subido a un árbol… pero le da igual lo que piensen. Si decides buscar a Jesús puede que incluso tengas que superar los comentarios y miradas de muchos. Pero al final, todo eso no tendrá importancia, porque, aunque nadie apueste por ti, Jesús está de tu parte. Él te defenderá, entrará en tu casa, en tus cosas. Será tu amigo. No te salvará desde lejos, no te humillará públicamente por los errores de tu vida o por tu estilo de vida. Dejará que le conozcas y querrá conocerte (eso sucede con los que invitamos a nuestra casa).
El encuentro con Jesús no deja indiferente a Zaqueo. Ya no puede, ni quiere, seguir con su anterior estilo de vida. Le preocupan las mismas cosas que a Jesús (da la mitad de sus bienes a los pobres) y se convierte en discípulo suyo (va más allá del mero cumplimiento, “le daré cuatro veces más”). Todo se hace nuevo, la casa del pecador queda santificada con la presencia de Jesús. Y Zaqueo ya no está perdido, su vida toma un nuevo rumbo.
¿Te sientes perdido en algún aspecto de tu vida? ¿no sabes qué rumbo está llevando tu vida? Este Evangelio es una buena noticia para ti. Busca a Jesús y déjale que se hospede en tu casa.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.