Domingo 3 de febrero

Domingo 3 de febrero
IV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 4, 21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:
—«¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo:
—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió:
—«Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Este Evangelio es continuación del que leímos el domingo anterior. En el que Jesús leía al profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor”. Y decía que aquella escritura se había cumplido en Él.
Hoy se aprecian dos posturas: por un lado, le aprueban y admiran. Por otro, dudan de Él. Sus prejuicios, lo que creen saber de Jesús, les impiden ir más allá. Éste es un buen punto para rezar hoy. En qué medida buscas a Jesús y te dejas sorprender por Él. Aquellos hombres querían que Jesús hiciera las cosas a su manera.
Pero todavía va más allá cuando Jesús universaliza la salvación. Los judíos son el pueblo elegido, pero Dios ofrece su salvación a todos. A la viuda de Sarepta y a Naamán el Sirio, dos extranjeros. Las dudas que esto ofrece, el cambio tan profundo que supone, se convierten en rechazo. No pueden soportar este giro tan radical que les enfrenta con lo que siempre han hecho hasta ahora.
Jesús salva, te ofrece hoy su salvación a ti. Y como los del Evangelio de hoy tienes que optar: admirarlo y asombrarse. O dudar y rechazarle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.