Domingo 29 de julio

Domingo 29 de julio
XVII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Pistas: Vamos a fijarnos en algunos detalles de este Evangelio.
Jesús sabía lo que iba a hacer, pero no lo hace sin sus discípulos. Uno de los Apóstoles le transmite a Jesús que un muchacho dará lo poco que tiene. La verdad, podríamos entender esto más como un gesto de buena voluntad del muchacho que como algo realista. El muchacho da lo que tiene, pero no es suficiente. Y entonces Jesús obra el milagro. No sale de la nada, sino de la entrega, de la disponibilidad, del compartir. Y con la oración, la confianza en el Padre, lo insuficiente se convierte en suficiente, lo imposible se hace posible. Y la multitud hambrienta recibe alimento. (Esta parábola también se ha entendido como la Eucaristía, lo humano –el pan y el vino-, nuestra oración, la comunidad reunida, que hace presente a Jesús y su salvación).
Es bonito el detalle de que Jesús y sus discípulos, aún siendo realistas –saben que eso no es suficiente- no caen en la desesperación, sino que dan gracias al Padre y confían en su providencia. Es el camino de la alabanza a Dios, de reconocer quién es Dios, su poder y grandeza, y poner en su presencia lo que somos y tenemos. Y esta actitud (y la presencia de Jesús) abren camino al poder de Dios.
Y no sólo llega, sino que sobra. Porque Dios no hace las cosas a medias. Si le das lo que tienes, por insuficiente que parezca, por imposible o difícil que sea, Dios hará el milagro.
La gloria es de Dios. Cuando van a proclamarlo rey, por las maravillas que Dios obra, porque han visto una chispa del poder de Dios, Jesús se va a la montaña. Él solo. Jesús se retiraba a estar con el Padre porque Él sólo buscaba su voluntad. Y con esto nos enseña también a nosotros el camino, para que cuando lo que le damos a Dios dé fruto, sepamos reconocerle, alabarle y darle gracias por todo lo que obra en nosotros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.