Domingo 28 de junio

Domingo, 28 de junio
XIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.

Pistas: Las dos primeras afirmaciones sobre la familia parecerían propias de un fanático, pero no de Jesús, que invita al amor y la misericordia. Sin embargo, deja claro que lo más importante es seguirle y amarle (porque hacerlo con Él es hacerlo con el que le ha enviado, el Padre).
No es excluyente amar a la familia y seguir a Jesús. Todo lo contrario. Si pones a Jesús en el centro de tu vida, si descubres que amar a Dios sobre todas las cosas llena tu corazón de amor y misericordia, entonces amarás más y mejor a tu familia. Porque amar a Jesús te da el Espíritu Santo, hace que te parezcas a Él, que entregó su vida por amor. Pero si comienzas a poner otras cosas por delante, un día te encontrarás perdido.
Cuando las cosas buenas -como amar a la familia, o el amor a uno mismo- se convierten en el centro de la existencia o se desvirtúan, terminan siendo ídolos, ocupan el lugar de Dios y nos roban la felicidad. Así, la primera parte del Evangelio de hoy es una llamada a poner a Jesús en el centro: Amarle, dar la vida por Él y tomar la cruz. Esto último significa aprender de Jesús, alejarnos de la queja y la desesperación. Porque sabemos que el amor y el poder de Dios son más grandes que las cruces de la vida, aunque éstas pesen, sean difíciles, injustas… Jesús nos lo enseñó cargando con la cruz.
La segunda parte hace referencia a que este seguimiento de Jesús, que es exigente, tendrá su recompensa. Es la otra cara de la moneda de la llamada de Jesús a verle en el pobre, en el que sufre y nos necesita. En el fondo, según tratemos al prójimo se refleja si el amor de Dios está en nuestro corazón.
Hoy recibes una invitación a amar a Jesús y seguirle con todas las consecuencias. Él ha entregado todo por ti, amándote hasta el extremo, y te anima a acompañarle con radicalidad en este camino de amor. El reto que te propongo para esta semana es que te dejes amar por Él. Saca tiempo para estar con Jesús, sólo así podrás experimentar que lo que te dice el Evangelio de hoy es cierto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.