Domingo 27 de octubre

Domingo, 27 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario, ciclo C

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
—«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: ¿Cómo te ves a ti mismo? ¿Cuál es la verdad de tu vida? En esta sociedad de las redes sociales y el aparentar ¿cuál es la verdad que hay en tu interior? ¿eres capaz de descubrirte necesitado del amor de Dios? ¿eres capaz de mirar a los que son más débiles que tú con misericordia o buscas sus fallos para sentirte mejor?
El primer paso para encontrar la salvación de Dios es ver la verdad de quién eres. El fariseo no necesitaba a Dios, se había convertido a sí mismo en dios. Era cumplidor, probablemente si lo conociéramos diríamos que era un buen tipo, una persona recta. Pero no había entendido nada sobre qué es rezar, ni cómo relacionarse con Dios. Se elogiaba a sí mismo y despreciaba al que creía indigno.
Para poder encontrar la verdad de quién eres y quién estás llamado a ser fíjate en el siguiente ejemplo: un paño blanco puede compararse con uno que lleva tiempo sin lavarse, en un sitio que hay poca luz o con un trapo viejo. Puesto al lado parece “blanco, blanco”. Pero si enciendes una luz potente y lo comparas con una tela blanca limpia y nueva, podrás ver que tiene manchas y está amarillo. Si te compararas con el que tienes al lado, tal vez salgas ganando en algunas cosas y puedas decir: “soy bueno”, pero si te comparas con Jesús… Y ésa es la meta del cristiano, ser discípulos de Jesús y vivir como Él enseñó.
“El que se humilla será enaltecido”. ¿Quién tenía más derecho que Jesús para reclamarle algo a Dios? ¿Quién ha habido más bueno y perfecto que Él? Y, sin embargo, entregó su vida muriendo como si fuera un malhechor. Probablemente podía haber formado un ejército, haber luchado y conspirado para intentar salvar su vida, que le reconocieran, ser un rey o un líder político. Pero su camino fue otro: “el que se humilla será enaltecido”. Sólo la voluntad del Padre, sólo vivir en su amor, sólo dejarse llevar por el Espíritu Santo.
¿Cómo te ves a ti mismo? No temas. Sólo ora con sinceridad y ama. Sólo mira la verdad de tu vida (eso te hará humilde) y déjate amar por Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.