Domingo 26 de enero

Domingo, 26 de enero
III domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamo también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Pistas: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló”. ¿Cuánta tiniebla hay en nuestro mundo? ¿En nuestra ciudad, en nuestros pueblos, en nuestras familias, en nuestra vida? Pero ha venido la luz: Jesús.
“Convertíos” es la palabra que hoy resuena. Es el corazón del mensaje de Jesús. Es decir: Cambiad. Cambiaos al Reino, que es el proyecto de Jesús. Es, ni más ni menos, cambiar el mundo para construirlo según el proyecto del Padre. Pero necesita ayuda: los que se atreven a irse con Él. Como los pescadores que tuvieron el valor de seguirle.
Nos invita a participar de su sueño y construir el Reino, empezando cada uno por sí mismo, por mejorar cada día. Porque una buena casa no se construye con malas piedras.
Todo esto nació en en la Galilea de los gentiles, en el lugar más humilde y desconocido del Imperio romano. Allí apareció la luz. ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Sí. Yo también estoy llamado a seguirle porque soy sueño y proyecto de Dios, porque la buena noticia del Reino es para mi y para que la comparta con los demás.
No son ideas, ni tradiciones, ni estructuras. Es encontrarse con Jesús y cambiar de vida. Convertirse es descubrir el gran amor de Dios manifestado en Jesús, acogerlo, dejar que nos sane y nos salve, y corresponderle. Convertirse es estar llenos del Espíritu Santo y hacer sus obras. Es permitir que la luz de Jesús arranque de tu vida las tinieblas del pecado, de la oscuridad y de la muerte.
Hoy Jesús te llama: “Venid y seguidme». Puedes responder o no. O darle largas. Pero Jesús te llama. Si le sigues participarás en la aventura de la fe, la de quitar de tu vida y del mundo las tinieblas. ¿Qué respondes?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida