Domingo 26 de abril

Domingo, 26 de abril
Domingo III de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: Aquel mismo día, el día en que Jesús había resucitado -después del viernes terrible de la pasión de Jesús y del sábado lleno de tristeza-, el domingo se ponen en camino. Imagínalos. ¿Cómo estaría el corazón de aquellos dos discípulos? Y en medio de sus dudas, de su conversación y su búsqueda, Jesús se hace presente. Al principio no son capaces de reconocerlo. Jesús les escucha, les acompaña.
Qué bonito aprender de Jesús. Si quieres acompañar a alguien en la fe, escúchale, camina a su lado, respétale, háblale de la verdad con la Palabra de Dios.
Aquellos dos discípulos esperaban en Jesús, habían oído el anuncio de la resurrección, vieron el sepulcro vacío, pero no eran capaces de creer que Jesús está vivo ¿Por qué? Porque ellos no lo habían encontrado. Y la fe tiene un momento de chispazo (lo que sucede al final del Evangelio), pero también tiene otro de camino, de proceso. Porque incluso después de aquel encuentro con Jesús que lo cambia todo, vuelven a Jerusalén (a la comunidad) y allí comparten su fe, y tendrán que seguir caminando.
Palabra y “partir el pan”. Sé cuánto echáis de menos muchos de vosotros partir el Pan. Quizás este tiempo en que sentimos hambre de Eucaristía, hambre de comunidad y de sacramentos, nos pueda ayudar para valorar más este regalo de Jesús. No es una presencia de recuerdo o metafórica, es real, al partir el Pan, Jesús está ahí y todo el poder de su resurrección, toda la luz de Jesús se hace presente.
Aquí tienes un evangelio para caminar con Jesús, contarle y escucharle. ¿Cuántas cosas esperábamos que fuesen de otra manera? ¿cuántos planes frustrados? ¿cuánta incertidumbre y caminos nuevos nos esperan? Pero, si camina Jesús contigo, si tú caminas con Jesús, arderá tu corazón en el camino que recorres y podrás reconocerlo, no sólo al partir el Pan, sino en la comunidad, en el testimonio de los hermanos, en la oración, en el hermano al que amas y sirves… Jesús va contigo, abre los ojos, que te abra los ojos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.