Domingo 24 de octubre

Domingo, 24 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Todo lo que Dios ha querido contarnos (la Ley y los profetas) se sostiene aquí. Ésta es la clave de la vida de cualquiera que quiera seguir la enseñanza de Jesús. Por ello, merece la pena que lo intentes aterrizar en tu vida.
En abstracto amar suena a película romántica, a sentimientos. Si has sufrido por amor tal vez te duela y lo consideres mentira, cuentos de hadas o falsas promesas. El amor del que Jesús habla se ejemplifica en su entrega en la cruz. Es el amor hasta el extremo, hasta dar la vida por sus amigos, pero también por sus enemigos, por aquellos que no le quieren ni le aceptan. Un amor que es fidelidad al Padre, que se concreta en todo lo que Jesús hace y dice. El amor de las bienaventuranzas, al instituir la Eucaristía, al enseñar, sanar, liberar. El amor al dar el Espíritu Santo.
El amor hay que aterrizarlo. ¿Por qué puedo amar? Porque Dios me ha amado primero, porque Jesús me ha enseñado el camino del amor. No como una teoría, sino como amor a mí, a ti. Dios te ama, a ti que estás leyendo esto, con un amor incondicional, perfecto, eterno… quiere que lo sepas y lo experimentes. Y al saberlo elijas corresponderle. El amor no es sólo sentimiento (a veces se siente muy fuerte, pero no es sólo emoción, porque un padre no deja de querer a sus hijos aunque venga “cansado” y no lo “sienta”, o esté enfadado), amar de verdad trae consigo la decisión, la elección de amar, aunque a veces “no se sienta”.
Amar a Dios con todo el corazón, con todo el ser, con toda el alma. ¿Lo haces? ¿quieres hacerlo? ¿en qué se nota que lo haces? ¿qué tienes que cambiar? ¿rezas, buscas, pides, ofreces? ¿tu tiempo, tus fuerzas, tu dinero, tus energías para quien son?
Amar al prójimo como a uno mismo. Al que te corresponde es fácil, o al que te sale de dentro. Pero el prójimo es el que está al lado, también el que no se lo merece. ¿Qué haces tú para amar al prójimo? Son tiempos complicados, parece que el distanciamiento social nos tiene que hacer como una especie de ermitaños encerrados en nosotros mismos, egoístas… Se pueden abrir muchos caminos de amor al prójimo. Piensa en tu vida concreta ¿cuántas cosas haces por los demás gratuitamente, sin que sea una obligación, sin que esperes algo a cambio? ¿ves al que te necesita, al pobre, al que está solo, triste, cansado…? ¿perdonas, comprendes, ayudas?
Muchas cosas he escrito en estas pistas, pero al final sólo una es importante: Dios te ama ¿tú le amas a Él? ¿le amas en el prójimo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.