Domingo 24 de febrero

Domingo 24 de febrero
VII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Pistas: ¿Será posible vivir esto? ¡Qué triste cuando miramos a nuestra vida y nos damos cuenta de que a veces ni siquiera somos capaces de amar a los que nos aman! Por el contrario ¡qué alegría, qué paz, qué fortaleza se experimenta cuando se ama y se es amado, se perdona o se es perdonado, cuando se recibe sin merecer!
¿Cuál será el secreto para poder vivir esto? Dios nos ha amado primero. Dios ha hecho todo eso primero con nosotros: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo…”. Dice el Papa Benedicto en la encíclica Deus caritas est: «En la historia de amor que nos narra la Biblia, Dios sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente».
Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero. Por eso nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor. Y de este «antes» de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta.
Si no eres capaz de descubrir este amor ¿en qué te diferencias de los que no creen?
El amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor.
Es posible el amor al prójimo en el sentido del Evangelio de hoy. Dice Benedicto: “Consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. Así pues, no se trata ya de un «mandamiento» externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza tiene después que comunicarse a otros. El amor crece a través del amor».
Por eso es posible vivir este Evangelio. Y por eso la medida del amor en que vivamos crecerá de un modo extraordinario, como una medida “remecida, rebosante….”.
Piensa hoy qué tipo de amor vives. Si el que depende de los sentimientos solamente o el que te propone Dios. ¿Te apuntas a vivir en el amor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.