Domingo 20 de octubre

Domingo 20 de octubre
XXIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: —«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:
«Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»» Y el Señor añadió:
—«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»
Pistas: Jesús ¿encuentras esta fe en mí?
La queja, la desconfianza, el pensar que Dios no nos quiere porque no sucede lo que hemos planeado, porque parece que rezamos y no nos escucha, son tentaciones constantes en la vida de un creyente. Pero tenemos que redescubrirle: la historia, la Iglesia, mi vida… todo está en manos de Dios. ¿Cómo no va a escucharnos?
“Gritan día y noche”. Día y noche, sin desconfiar, sin cansarse. La oración que propone el Evangelio no es: Señor, haz lo que yo quiero, sino: “Señor, hazme justicia”. Dios no es como ese juez injusto que al final acabó haciendo lo que tenía que hacer por cansancio. Dios es misericordioso, poderoso, Padre, hermano, amigo, consuelo, fortaleza ¿te dará largas?
Y su justicia es salvarte. Su justicia es darse a sí mismo en el Espíritu Santo. Es darte lo que no tienes por medio de Él. Su justicia es enviar a Jesús a tu encuentro. Porque Él es camino, verdad y vida. Por eso, no te desanimes. Dios está a tu lado y te pide que perseveres. Pregúntate: Jesús ¿encuentras esa fe en mí? Y pídele: “Auméntame la fe”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.