Domingo 2 de diciembre

Domingo, 2 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Pistas: Este Evangelio nos habla del final de los tiempos, con un mensaje a la vez estremecedor y esperanzador, en el que Cristo y los suyos salen victoriosos.
Hoy la liturgia de la Iglesia comienza el Adviento, un tiempo de preparación para la Navidad. Y te invitará a repetir: “Ven, Señor”.
La lectura de hoy nos enseña que aunque todo se tambalee, aunque te parezca difícil o imposible, pase lo que pase, si eres discípulo de Jesús, si Jesús viene: levántate, alza la cabeza, despierta, ponte en pie. Y si Jesús viene, el mal es derrotado y todo lo bueno, lo bello, lo verdadero, la vida, vencerá. La oscuridad siempre es vencida por la luz.
Puedes orar con esta frase: “Estad siempre despiertos”. La Iglesia te ofrece un tiempo para despertar, para darte cuenta del regalo que ha sido que el Hijo de Dios se haga hombre (lo celebraremos en Navidad), para darte cuenta del regalo de la victoria de Jesús que será plena al final de la historia (Jesús que vendrá). Es el momento de preparar el camino, de revisar tu vida de fe, de abrir tu corazón para acoger a Jesús.
Y tú ¿qué tienes que hacer? Despertar, porque Él viene, a tu vida, a tu Iglesia, a tu familia, a tus problemas. Despierta y levántate, pide fuerzas y di: “Ven, Señor”, porque si Él viene, tuya es su victoria.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración