Domingo 16 de septiembre

Domingo, 16 de septiembre
XIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 8, 27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: —«¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
—«Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» EL les preguntó:
—«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
—«Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos:
—«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: —«¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
—«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? El Evangelio de hoy enseña que para responder a esta pregunta hay que recorrer un camino: seguirle.
Es el Mesías. Para un judío de tiempos de Jesús, el Mesías sería un libertador, con tintes de líder revolucionario, que les liberase del sometimiento al Imperio Romano. Una idea triunfalista del Mesías y también de la fe.
Ellos lo reconocen como el Mesías porque ven los signos que realiza, pero tienen una comprensión de Él demasiado humana, llena de prejuicios. Por eso Jesús les prohíbe hablar de ello, porque no quiere que confundan su misión. Y les instruye para que entiendan cómo es su mesianismo. Será el de la entrega en la Cruz. El que vence el mal a fuerza de bien. ¿Quién es Jesús? Síguele y lo descubrirás. Pero ¿cómo seguirle?
Niégate a ti mismo. No pongas tus criterios, tus prejuicios, tus deseos, tu interés por delante. Busca la verdad y el bien, aunque cueste. Vive como discípulo de Jesús aunque ello requiera luchar y sacrificarse. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena en la vida siempre requieren esfuerzo: ser buenos padres, luchar por la familia, por los hijos, hacer bien el trabajo…
Carga con tu cruz. La vida no va a ser como tú la preveas. El mundo y las personas no son perfectos. Ni tampoco tú. Si esperas a que no haya cruz para ser feliz, nunca lo serás. Cargar con la cruz significa seguir adelante confiando en Dios, agradeciendo los buenos momentos, luchando contra el mal y el pecado, pero confiando en Dios en medio de la dificultad y el sufrimiento.
Y todo esto, siguiendo a Jesús. Porque es ahí (no en seguir falsas promesas de felicidad que anuncian salvación pero esclavizan), donde encontrarás vida y salvación.
Vuelve a leer el Evangelio, aplicándolo a tu propia vida y reza con lo que Dios te inspire. Jesús nos ha enseñado el camino de la salvación y éste es seguirle a Él. Y tú ¿quién dices que es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.