Domingo 16 de agosto

Domingo, 16 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Da qué pensar este Evangelio. Parece que Jesús no puede tratar así a alguien ni tener una idea restrictiva de salvación. Entonces ¿de qué habla el Evangelio de hoy?
En primer lugar, de la fe y la perseverancia. Aquella mujer creía en Jesús por encima de todo. No duda de su poder para salvar a su hija. Y persevera. Consigue primero que los discípulos hablen con Jesús y se acerquen a pedirle que la atienda. Y, después, se presenta ante Jesús, se pone de rodillas y le pide. Y en el diálogo se mantiene firme en su fe. La constancia le ha abierto la puerta.
En segundo lugar, se pone en entredicho la idea de un Mesías político y nacionalista judío, de una salvación sólo para el pueblo judío mientras que los extranjeros son infieles y quedan fuera. La fe de la mujer es ejemplar y conmueve a Jesús. Y la acoge.
Este milagro de Jesús se les quedó grabado y cuando la comunidad de Mateo comenzó a aceptar a los paganos, este relato les servía para entender que para Jesús lo importante no es la procedencia, el sexo, la posición social… sino la fe.
Por eso este Evangelio puede hacerte mirar a tu propia fe y perseverancia. También tu postura en la Iglesia. El pan (la Eucaristía y lo que significa) no sólo es para los que están sentados a la mesa, sino para todos. Quizás Jesús necesite que tú y yo salgamos a buscar e invitar a los que necesitan encontrarse con Él.
Mujer, qué grande es tu fe. ¿Y la nuestra? El reto de esta semana es aprender a acercarte a Jesús con perseverancia, sea como sea, pase lo que pase.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida