Domingo 15 de noviembre

Domingo, 15 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Siempre que leo este Evangelio me hago la siguiente pregunta: ¿y si hubieran fracasado en sus negocios? ¿qué hubiese hecho el señor?
Los talentos son los dones de Dios, son los dones sobrenaturales, que se apoyan en nuestra naturaleza -es verdad-, pero que son un regalo de Dios. Los más importantes son la fe, la esperanza, el amor, los dones del Espíritu… A cada uno Dios le ha dado diferentes según su capacidad, sus cualidades y no le pide más. Dios nunca pide imposibles, es verdad que, a veces, uno no sabe lo resistente, capaz y fuerte que puede ser hasta que le toca vivir ciertas situaciones. Pero lo importante es que Dios no te va a pedir cuentas más allá de tu capacidad, es decir, más allá de los “talentos” que te ha dado y de la ayuda de su Gracia.
Ahora viene la respuesta a la pregunta que dejé colgando antes, si hubiera fracasado alguno… es que Dios no fracasa, sus dones no fracasan, su salvación no fracasa. Sí o sí va a dar fruto si lo acoges y trabajas. Puede que tropieces, que te equivoques, incluso que alguna temporada tengas que meter en el banco tus talentos (caminar fiándote de Dios, sin ver frutos, cumplir porque sabes que es lo que hay que hacer, para esto te ayudará la Iglesia y los hermanos). Pero no fracasarás. En realidad, el mayor don es el Espíritu Santo, que habita en ti, y lo transforma todo con su amor ¿cómo va a fracasar Dios? Sólo si le rechazas, sólo si te cierras a su amor y su acción.
Así que este Evangelio es una invitación a vencer la pereza, el egoísmo, la mediocridad. Es una invitación a dejarte amar y a que tú también ames. ¿A qué se dedicó el que enterró su talento? Pues a sus asuntos, con sus historias. En realidad le importó bien poco lo que su señor pensase al llegar, no se esforzó lo más mínimo.
Son terribles las últimas palabras: arrojad a este inútil afuera, a las tinieblas. La salvación es un regalo, así fue para los dos que sí negociaron, pero no fue una baratija que no merece la pena. Implicó su vida, su esfuerzo, su tiempo. La salvación es un regalo también para ti, pero acogerla te transformará.
El reto para esta semana es mirar tu vida y preguntarte ¿cómo acojo el don de Dios? Ponte en marcha, eres de los suyos, su obra en ti no puede fracasar si te lanzas con su Gracia adelante.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.