Domingo 14 de octubre

Domingo 14 de octubre
XXVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.
Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más—casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.»

Pistas: Un hombre bueno y cumplidor se acerca hoy a Jesús y se arrodilla ante Él. Y a pesar de ser bueno y de sus buenas intenciones, no será capaz de descubrir quién es Jesús ni la alegría del Evangelio. Y se va triste y contrariado. Porque hay algo en su vida que ha ocupado el lugar de Dios.
El dinero, la riqueza, y lo que ella conlleva es, en el fondo, su tesoro (Jesús lo mira con cariño, pero esto no basta para que su vida sea plena). Se queda sin entrar en la bienaventuranza del Reino porque no es capaz de descubrir que seguir a Jesús no es cuestión de cumplimiento, sino de amor y entrega. También a los discípulos más cercanos les cuesta, porque para un judío la riqueza era signo de la bendición de Dios y tal vez la propuesta de Jesús les pareciera demasiado exigente.
Sin embargo, la pregunta de Jesús es ésta: ¿dónde pones tu confianza? Todo lo demás falla pero “Dios lo puede todo”, Dios no falla.
Es más, seguir a Jesús, a pesar de las dificultades (“con persecuciones”) y la entrega que pueda exigir, trae un premio infinitamente mayor del que se puede esperar. Recibirás mucho más de lo que das y la vida eterna.
El Evangelio de hoy te invita a pensar si en tu vida algo ocupa el lugar de Dios, si algo se ha convertido en tu tesoro… Aunque seas bueno, aunque cumplas, sólo seguir a Jesús permite entrar en el Reino de Dios y una vida plena. Lo demás te causará vacío, contrariedad y tristeza.
¿Te atreves a escuchar lo que Dios te pide y seguirle? ¿te atreves a elegir el camino que te hará feliz?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.