Domingo 13 de septiembre

Domingo 13 de diciembre
XXIV domingo del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta:
—No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola:
Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: —Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: —Págame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
—Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
—¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Pistas: Me imagino a Pedro pensando: “Jesús siempre está con lo de perdonar, que Dios nos perdone como perdonamos, que hay que amar siempre…. hasta a los enemigos, a los que te odian, a los que te persiguen…”. Y lo lógico es preguntarse: “¿dónde está el límite? ¿hasta dónde tengo que llegar?” La respuesta final la da Jesús en la cruz, muriendo por todos, perdonando a los que le crucifican. Hay que amar y perdonar, siempre, del todo, hasta el extremo: “setenta veces siete”.
La parábola deja claro por qué. Porque Dios te ha perdonado algo que tú no podías pagar de ninguna manera. Te ha librado de ser esclavo, te ha dado una nueva vida, no sólo a ti sino a los tuyos. Eres libre, puedes vivir, puedes volver a empezar porque no tienes deuda. ¿Cómo no amar a los demás si Dios me ama incondicionalmente y hasta el extremo de hacerse hombre, de morir por mí, de venir en el Espíritu Santo a mi corazón, de hacerse eucaristía? Tantas cosas en las que me muestra su amor y misericordia. ¿Cómo no perdonar si yo no hago más que fallar y a Dios siempre lo tengo ahí, esperando, sanando y curando mi corazón?
Decía el papa Benedicto que sólo se puede entender el amor y el perdón tal como Jesús lo exige, si se experimenta así de parte de Dios. Podré amar, perdonar, a mi hermano, a mi enemigo, sólo si me entero de que Dios me ama sin poner condiciones y me dejo amar por Él. La exigencia ética nace de la experiencia de Dios. Pero sin cumplir la exigencia no hay verdadera fe, ni conversión.
¿Cuánto amas? ¿cuánto perdonas? ¿necesitas perdonar? ¿tienes odios, rencores, envidias, deudas en tu corazón? Acude a Dios, déjate amar por Él y decide amar y perdonar, ¡decídelo! Pide la fuerza para hacerlo de corazón. Con tu elección, tu libertad, tu voluntad y la gracia de Dios podrás perdonar de corazón.
Amar y perdonar, el camino que Jesús te propone hoy. Ponle nombre, ponle cara, al amor y perdón a los que te está invitando el Evangelio ¿Aceptas el reto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.