Domingo 12 de agosto

Domingo 12 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 41-51
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús dice a los judíos que si escucharan al Padre y a los profetas, creerían en Él y darían crédito a sus palabras. Pero no son capaces de mirar más allá de lo humano. Ni siquiera de profundizar en su propia fe. Jesús intenta hacerles ver que las escrituras hablaban de Él, pero ellos no ven más que el hijo de José y María. Y, a pesar de todo lo que Jesús hace, no son capaces de ir más allá.
La promesa de Jesús es asombrosa: el que cree tiene vida eterna, porque Él ha visto al Padre y no habla de oídas. Por eso puede asegurarlo.
Toda esta imagen del ‘Pan’ hoy tiene una doble dimensión. Es el pan que baja del cielo, indicando el origen de Jesús y haciéndoles pensar en todo lo que significó el maná (el alimento para cruzar el desierto hasta la tierra prometida). Por eso es el que revela al Padre, lo ha visto. Y ese Pan es la entrega de Jesús. Y su “carne para la vida del mundo”. En cada Eucaristía entras en comunión con Jesús al participar en el Pan de la vida. Toda la vida, la salvación, la entrega de Jesús, toda la fuerza de su resurrección, Él mismo real y vivo se hace presente en el Pan para ser tu alimento.
Quizás hoy sea un día para atrevernos a ir más allá (no como los judíos del Evangelio) y sumergirnos en el misterio del Dios que quiere hacerse tan cercano a nosotros que envía a su Hijo que se hace hombre, que se hace pan, alimento. Y si crees en Él tendrás vida y vida eterna. Si crees en Jesús, podrás ser discípulo de Dios. Asómate al misterio de Cristo para que puedas ver lo que hay más allá de la simple apariencia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.