Domingo 11 de agosto

Domingo 11 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 12, 32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó:
—«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió:
—«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.»

Pistas: ¿Dónde está tu tesoro? Es decir: ¿Qué es lo más importante de tu vida? ¿Cuál es el centro de tus preocupaciones? ¿A qué dedicas tu tiempo y energía? ¿Dónde pones tus seguridades? Responde con sinceridad a estas preguntas para poder comprender a Jesús.
“No temas”, dice Jesús. No tengas miedo a vivir como Él enseña. ¿El dinero? No puede hacerte feliz ¿Los placeres, el poder, el tener, las seguridades mundanas? No pueden hacerte feliz, no pueden ser tu tesoro. Por eso, vende todo eso y da limosna. Es decir, vive en el amor. Porque de esto se trata, éste es el tesoro: que Dios te ama y te invita a vivir en el amor. Vivir como Jesús enseña, eso sí te hará tener un verdadero tesoro. Y todas las demás cosas de tu vida se convertirán en algo más valioso, porque no te robarán la felicidad que estará puesta en Jesús.
Todo se termina, no llena, no sacia ¡Qué fácil es acomodarse! ¡Qué fácil es pensar: “vale, pero empiezo mañana… ahora prefiero seguir con mi manera de hacer las cosas». Jesús te dice hoy: date cuenta (el ladrón y el boquete). Si supieras que mañana te vas a morir ¿cambiarías muchas cosas? Pues cámbialas ya. No esperes a mañana. Estate preparado. Llena tu corazón, tu tesoro, de cosas que merezcan la pena (y sólo merecen la pena las que Jesús enseña porque el resto vacían el corazón, producen frustración y hartazgo, porque no pueden darte eternidad).
Ya llevas un camino con Jesús, como los discípulos que le han preguntado. A ti te dice el Señor: se te ha dado mucho, mucho se te pedirá. Así que levántate, estate en vela, llena tu corazón de Dios, ora, fortalécete interiormente para poder vivir como Jesús enseña. Y así tendrás un verdadero tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.