Domingo 10 de septiembre xxiii domingo

Domingo 10 de septiembre
XXIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración.)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro además que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: Jesús enseña a vivir en el amor. Por eso, la vida de los que nos rodean nos tiene que importar. La vida de los que queremos nos tiene que importar. No sólo su bienestar material o físico, también el espiritual. Quizás nuestra sociedad se ha vuelto demasiado individualista y hemos ensalzado nuestro propio criterio como la norma. Buscamos satisfacer nuestros deseos, el placer, el tener y hemos llenado nuestra vida con muchas cosas. Incluso llegamos a ver normal utilizar a los demás para nuestro interés.
Lo que nos dice el Evangelio de hoy es todo lo contrario. Nos llama a estar pendientes de los demás, amarlos, preocuparnos por ellos; y dejar que los demás se preocupen por nosotros. Es nuestra responsabilidad como miembros de la Iglesia.
¿Cómo se concreta esto? En cuestiones como la corrección fraterna de la que nos habla este Evangelio de hoy ¿Lo has hecho alguna vez? ¿has corregido, ayudado, a alguien que ves que está haciendo las cosas mal? ¿te has dejado corregir? Puedes reflexionar y rezar sobre esto.
Detrás está y debe estar la comunidad. No se trata de manipular o dirigir a los demás para que sigan nuestros criterios o intereses. La libertad de la persona es total para cambiar o no, como nos dice el Evangelio, esa libertad tiene sus consecuencias. Por ello, no se trata de presionar o ser marionetas. Ser discípulos de Jesús es crecer y ayudar a crecer a los demás. Por eso, la comunidad es la garantía, en ella está Jesús, es la Iglesia. Y Jesús le da el poder para “atar y desatar”.
Por último, el Evangelio nos habla del poder de la oración comunitaria de intercesión. Es el poder de rezar unos por otros. Esto no hay otra manera de entenderlo más que poniéndolo en práctica con fe. Orar junto con otras personas nos ayuda en el día a día, en los problemas y situaciones cotidianas. “Porque donde dos ó tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Y verás las maravillas de Dios y su poder.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

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