Domingo 10 de noviembre

Domingo 10 de noviembre
XXXII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
—«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó:
—«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

Pistas: Dios «no es Dios de muertos sino de vivos». Estas palabras de Jesús alcanzan su plenitud cuando Él mismo resucita y demuestra que Dios es el Dios de la vida.
Para los saduceos (un grupo dentro del judaísmo) era incomprensible. Puede que tú, cuando intentas imaginarlo, también lo veas ridículo o infantil. Pero el hecho es que Jesús ha resucitado y nos ha prometido que participaremos de su resurrección.
La resurrección, la vida eterna, no sabemos cómo será. San Pablo habla de un cuerpo glorioso semejante al de Cristo. San Juan dice que seremos semejantes a Dios porque lo veremos tal cual es. Sea como sea, lo importante y lo que la resurrección de Jesús nos muestra es que seguiremos siendo nosotros, pero llevados a plenitud por el Espíritu Santo y participando de la resurrección de Cristo. Que viviremos para siempre junto al Dios de la vida. No seremos un mero recuerdo, una sombra, una parte de nosotros… sino tú mismo llevado a plenitud y participando de la vida de Dios.
«Los que sean juzgados dignos». ¿Qué quiere decir Jesús? Pues que a la vida eterna no se llega de cualquier manera. A veces por resaltar la misericordia y la gratuidad del amor de Dios le quitamos exigencia y valor. Durante el tiempo que peregrinamos en este mundo Dios nos ofrece su salvación y su gracia. Nos enseña un camino para vivir como hijos suyos. Nos da su Espíritu para vivir como sus discípulos. Nos ofrece su perdón y nos invita a la conversión. Pero si toda la vida le decimos que no, si le rechazamos, si vivimos de cualquier modo, cuando lleguemos al juicio de Dios ¿seremos juzgados dignos? Dios es Dios de vivos. Ahora y en la eternidad. Celebrémoslo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.